OPINAR SIN CONOCER

En este hobbies de navegar por INTERNET hay veces que se encuentran las cosas más variopintas e interesantes que imaginarse pueda uno, pero otras son desencuentros los que surgen provocando malos humos. En esta línea transcribo al pie de la letra una especie de carta escrita por alguien que  opina sin conocer, algo que, desde mi punto de vista es, no sólo descabellado, sino irritante e insultante.  La carta dice: Da mucha pena comprobar que el futuro de nuestros hijos está en manos de los distintos colores y tendencias políticas. Me explico. La educación es, básicamente, un derecho que pertenece a los padres. Si no pueden elegir lo que creen mejor para sus hijos, se tienen que resignar a lo que aquel u otro Gobierno dispone. La nueva ley de Educación no va a permitir que mi hijo se forme conforme yo pienso, porque el Gobierno sólo ayudará a los colegios que tengan su ideario, los públicos; lo cual atenta contra la libertad de enseñanza, ya que yo no puedo, ni mucho menos, elegir el colegio que crea más conveniente si no tengo medios económicos para ello. ¿De qué le va a servir a mi hijo aprender ciudadanía, si no sabe ser primero un buen ser humano con fondo espiritual?

Cito como breve replica  el Art. 2.- de la LOE: En los fines, introduce a) el pleno desarrollo de las capacidades, b) la prevención de los conflictos y la resolución pacífica de los mismos, c) la cohesión social, d) la interculturalidad como un elemento enriquecedor de la sociedad y h) la preparación para el ejercicio de la ciudadanía y la participación con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento.

Pero, desde luego, el desconocimiento de la nueva ley en las anteriores manifestaciones es absoluto. Por otra parte, ni las mejores leyes del mundo son solución para algo; sirven, eso sí, como punto de partida. Alguien, con cuyas palabras me identifico, ha dicho: Es fácil cambiar la ley, lo complicado es transformar la realidad. Y ahí, aparte leyes,  tenemos que conjurarnos todos.