O sea, el hecho de convertir a los alumnos en repetidores tiene tales connotaciones que, en el argot académico, un alumno repetidor es poco menos que un apestado al que se trata de evitar, haciéndolo objeto de sorteos, polémicas y rechazos a los cuales no son ajenos los alumnos que se sienten, en el mejor de los casos, tolerados, aguantados por imposición con el humillante y despectivo hándicap de repetidor eterno, lo que equivale a fracasado sin retorno. Es por eso que el tema de la repetición es complejo y del que no se puede frivolizar sino afrontar con el realismo que precisa y que pasa, en primer lugar, por una mejor conciencia acerca de estos alumnos, cuya recuperación no es posible por reclutación en aulas especiales, ni por obviarlos en clase, ni por minimizar sus capacidades... Creo que la propuesta de repetir curso o sólo las materias pendientes con opción a matricularse en algunas del curso superior, puede ser una buena estrategia de cara a la autoestima del alumno. No siempre el problema es sólo de esfuerzo.