El pasado día 22 y en el Parador de la
Arruzafa tuvo lugar un acto realmente
emotivo, como ya se ha destacado en este
periódico: Treinta años de Administración
Educativa. En dicho acto, la actual delegada
de Educación, María Dolores Alonso, con gran
poder de convocatoria y brillantez, logró
reunir a profesionales educativos que a
todos los niveles pudimos rendir sentido
homenaje a diez de los hombres y mujeres que
la han precedido en el cargo durante los
últimos treinta años. El acto fue, ante
todo, un entrañable reencuentro, no sólo con
aquellos delegados, gestores de gran
vocación y dedicación a tan conflictiva
tarea, sino con inspectores, compañeros y
amigos. Personalmente, ante aquel despliegue
de palabras e imágenes audiovisuales, índice
de recuerdos, vivencias, conflictos
compartidos, me sentí pequeña pieza más de
una historia de muchas carencias y
dificultades educativas en nuestra tierra.
Tiempos de gran analfabetismo, de penuria de
medios básicos, de falta de centros, tiempos
de alumnos de babis blancos y bocas
cerradas, sumisos, receptores pasivos de
escala de valores programadas con rigores
convencionales y convenidos. ¡Claro que me
emocioné! Es evidente, y nadie puede
negarlo, que la educación en Andalucía ha
caminado sin tregua, sin pausa, ha dado
pasos gigantes, si tenemos objetividad y
sensatez para rememorar y comparar. ¡Ni
mucho menos está todo hecho!, pero actos
como el vivido el día veintidós tendrían que
potenciarse a nivel de padres que, plenos de
juventud, carecen la mayoría de memoria que
les permita el análisis comparativo de lo
que somos hoy y de lo que fuimos ayer. Mi
reconocimiento a tantos profesionales que
hacen posible que la escuela pública sea hoy
un gran referente y mi enhorabuena a María
Dolores Alonso.