Es verdad que el vértigo de la historia existe porque yo lo he sentido al leer cosas escritas hace más de cien años, algunas de las cuales transcribo al pie de la letra: "En la Enseñanza, y en particular en la Primaria, dónde reside el germen del progreso y el bienestar de una nación: ésta será lo que aquella haya dado por resultado... Hoy, que el parecer de nuestras escuelas es perfecto, si examinamos con detenimiento su labor educativa e instructiva, veremos que de 50 alumnos, por ejemplo, sólo 4 o 5 salen de ellas con el caudal de conocimientos necesarios, etc." Más adelante dice: "Tenemos un concepto erróneo de cómo debe ser la educación o instrucción primaria para que sea fructuosa. Nuestros alumnos precisan aprender por la experiencia propia, por lo que sus ojos ven, sus manos tocan, sus oídos escuchan y no por conceptos extraños inculcados por la fuerza moral de los conocimientos mecánicos... Es indispensable cambiar por completo los añejos métodos de enseñanza y que se invierta mucho en ella... Hay que sacar a la Escuela Primaria de los límites rutinarios en que vive e inundándola de luz, vida y alegría para que sea el mayor atractivo infantil, no la aversión y desagrado extendidos. Auméntese el número de escuelas, implántense en locales, limpios, ventilados, redúzcase el número de alumnos; dótense de material científico e instructivo necesario para que la enseñanza se aplique de la forma más práctica posible etc." No, no me he equivocado en la fecha y he creído conveniente esta marcha atrás en un siglo porque, con pequeñísimos matices, se podría pensar que está escrito al día de hoy. Este mal resultado que, con sorpresa para muchos, delatan las encuestas, para mí no es nada nuevo ni tampoco tan dramático como quiere presentarse. Sencillamente es el resultado, y a nadie se lo oigo decir, del poco tiempo que en las aulas se le ha dedicado al lenguaje, materia que engloba desde la lectura, escritura, expresión oral, hasta el vocabulario, ortografía, etc. Muchas veces en congresos, conferencias... he reivindicado la supresión de ese disparate que supone cargar de libros de texto a alumnos de seis o siete años que todavía no saben leer y que no obstante se ven obligados a copiar numerosas actividades, con pésima letra y peor comprensión y expresión. Rutinas insoportables que acaban por la desmotivación absoluta. Siempre recuerdo a un grupo de alumnos de instituto que se reunían en casa con mis hijos y que me causaban gran pena por el disparate ilegible y arsenal de faltas que venían a ser sus apuntes. Desde mi punto de vista, estos primeros años habría que dejarlos reducidos a la lecto-escritura, fomentada desde la poesía, el cuento, los juegos, el teatro... Todo en la vida es lenguaje y hasta los problemas matemáticos tendrían que entenderse como dificultades de cualquier tipo que precisan de soluciones pensadas, habladas. Problema es equivalente a conflicto, dificultad, ejercicio mental de imaginación y lógica. Por lo general los alumnos solo ven en ellos números que deben sumar, restar o multiplicar. Yo creo, en definitiva, como nuestro centenario articulista, que "es indispensable cambiar por completo los añejos métodos de enseñanza y hay que sacar a la Escuela Primaria de los límites rutinarios en que vive e inundarla de luz". Sí, eso es. Dejar atrás rutinas que aún siguen vigentes y lograr que los alumnos se ilusionen, que accedan a las aulas por el mero placer de aprender desde la experiencia cercana, desde el paso a paso de ese aprendizaje comprensivo, significativo y al alcance de cada talla.