CUANDO CANTA UN CANARIO                                   

                              

                        

Animada tertulia matinal en la radio. Los contertulios, bla,bla, ETA; bla,bla, Estatuto Catalán; bla,bla, Marbella, bla,bla…Y claro, los asiduos radioyentes, en este vaivén de opiniones encontradas y, sobre todo, tan repetitivas, tan exacerbadas un día y otro también, oímos pero no escuchamos. Si acaso, acuciamos el oído cuando alguien pone en sus labios palabras  que acaricia nuestras  ideas, mientras, con regodeo nos decimos: ¡Éste, sí; éste  sí que vale! Pero, lo cierto es que estamos asfixiados de tanto más de lo mismo, y las tertulias a veces se tornan ruido más con el que  convivimos y en el que las palabras en el mejor de los casos se perciben como letanía sin más ora pro nobis que la indiferencia por respuesta. Pero he aquí que uno de estos días, cuando intervenía un oyente, los trinos de un canario irrumpieron arrolladores por las ondas. ¿Novedad, belleza, gracia, sorpresa? Tal vez un poco de todo enmudeció y hermano, en un escaso minuto a contertulios y oyentes. El don precioso de la   palabra  –dice Barón de Holbarch- debe servir a los hombres para comunicarse sus  pensamientos, para socorrerse mutuamente, para transmitirse las verdades útiles, y no para destruirse y engañarse recíprocamente. Es cierto que vivimos en una época de evolución sorprendente en el área de los medios de comunicación, reduciéndose así las distancias, las ideas, los tiempos…Pero a pesar de este avance prevalece un factor  que ha sido siempre catalizador  de las relaciones humanas: la palabra  y el comunicarse a través de ella es la más primitiva pero la más efectiva forma de formar, informar socializar…Pero la palabra hoy está devaluada, y ha dejado de ser camino que conduzca a la verdad, para transformarse en vehículo de radicalismos encontrados..Tal vez precisemos la voz de un simple canario para sorprender, aunar  y embellecer  nuestras  trilladas rutinas.