MÁS QUE MEDUSAS SOMOS   

De divertidas califico las escenas, los comentarios vividos  fechas pasadas en la costa malagueña: ¡Que vienen las medusas por Nerja! ¡Que dicen que algunas se han anticipado! ¡Que ya están aquí! Como en aquel legendario cuento de mi infancia en el que un supuesto fantasma ascendía, paso a paso por la escalera, a la gente sólo le faltaba exclamar: ¡Ay, mamaíta mía quién será! Y efectivamente alguna medusa apareció en la playa ante la expectación, el pavor y desconcierto de los bañistas. Del Principito –única obra que siento envidia de no ser autora- me acordé: Tampoco yo sé para qué sirven las espinas, los aguijones, y no precisamente de estas medusas  marinas de las que nos podemos librar privándonos un día o dos de playita, sino de las medusas humanas, que haberlas haylas,  y que casi todos lo somos en alguna que otra ocasión .y, ¡qué finos y diminutos pueden ser nuestros aguijones! No soy racista, pero… ¡Enhorabuena, pero..! ¡Qué bien te veo, pero…” Constantemente, aquí y allá, vamos lacerando, con nuestro maniático  apostillar, todo lo laudable que de alguna manera roce nuestro particular estadio de competencias. La mayoría de las veces nuestra dialéctica conlleva tal cantidad de mensajes  urticantes que de reflexionar sobre ellos habría que huir de la especie humana y ponerse a salvo ¡en sabe Dios qué otra orilla! No hace mucho, un hombre rudo me regaló un ramo de rosas y al ponerlas sobre mis manos me dijo: No tema cogerlas; le he quitado las espinas.  Acerquémonos a los seres humanos sin aguijones, con transparencia, con amor... Y dejemos a las medusas marinas en paz; de ellas podemos librarnos –baño más, baño menos-, pero de las medusas humanas; ¿quién nos desmedusará? porque son enjambre que nos sobrevuela sin tregua. No obstante intentemos restar  del total ésa pequeñita que todos llevamos dentro.¡Algo es algo!