BRINDAR CON CHAMPAGNE

Alguien dijo: Matar a una persona por defender un ideal no es defender un ideal: es matar una persona. En mí largo caminar entre niños he  aprendido de ellos casi todo lo que sé, y hoy recuerdo especialmente a una pequeña que, tras conocer la historia de David y Goliat se tornó letanía de preguntas: ¿Y por qué era gigante? ¿Y por qué era malo? ¿Y por qué lo mataron?   ¿Y por qué se alegraron de su muerte? Días pasados, y ya prácticamente olvidado, la muerte de Al-Zarqawi, en una terrible incursión aérea, delatado para cobrar 25 millones de dólares por su cabeza, fue considerada el mayor éxito militar, el más palpable del gigante estadounidense en Irak. En general tal asesinato ha sido celebrado como una gran victoria, como una muy buena noticia que aplaudir brindando con champagne. Ni que decir tiene que condeno de forma rotunda los crímenes todos vengan de donde vengan. Pero, dando por descontada esta obviedad,   la tan  loada noticia estrella me deja perpleja y me obliga  a reflexionar sobre la teoría psico-pedagógica del constructivismo: nadie nace “goliat”, nadie, “david”  pero sí todos con un cerebro, entidad que construye las experiencias vividas, los antecedentes genéticos, ambientales, etc. Desde esta visión contemplo al terrorista Al-Zarqawi  para entender, que no disculpar, al monstruo y, al igual que aquella pequeña, pregunto: ¿Y por que  era terrorista?  ¿Y por qué se alegraron de su muerte?  Yo creo que sí hay respuestas.  No puedo comulgar con la cultura del crimen, de la traición que se propaga y  aplaude por el mundo   porque  todos nacimos para protagonizar bellas historias, para caminar por la vida con similar equipaje y porque siempre habrá, al menos, una madre que llore. Rotundamente, al menos para mí, los  David y Goliat merecen idéntica etiqueta. .Ojo por ojo, y el mundo acabará –camino de ello vamos- ciego. Ghandi.