TAN SÓLO PIEL

Todos los años, en el calendario de días a celebrar, el de la solidaridad, palabra mágica. Sí, se apela a la solidaridad como uno de los valores fundamentales para las relaciones internacionales en el siglo XXI. El protocolo acordado por Naciones Unidas a la vista de cómo la globalización ha incrementado desigualdades, aboga por la solidaridad, pero como toda declaración de intenciones, tardan o no llegan a ser la realidad deseada.

Al margen de mundiales soluciones a cada paso podemos entender el sentido justo de las razones que nos deberían llevar sin días que celebrar a ser solidarios. Me sucedió en unas minivacaciones en la costa. Una tonta emergencia: perdí el reloj. El pequeño accidente me llevó al más elemental recurso: ¡A los moros!, como solemos decir sin ningún tipo de connotaciones y, más que nada, en tono festivo. Sí, allí, un hombre joven, robusto, de piel negra, con sumo agrado y sobre mi frágil y blanca muñeca, me probaba modelo tras modelo. Me gustaban todos, pero más que nada me embelesaba el comprobar cómo su delicadeza era tal que ni tan siquiera sus dedos me rozaban. Fui yo la que inventó la estrategia: te lo pongo a ti y así veo mejor el efecto. Y mis manos se deslizaron sobre su negra piel en un arrebato de mágica complacencia. Me era indiferente el modelo, el precio... Me importaba, sí, una agradable sensación: su piel y mi piel, tan solo eran piel.

Hace muchos años opté por la solidaridad con todos los seres humanos. Sobra en nuestra sociedad el invento de divinas palabras y faltan humanos hechos. Sociedad, pieza mayor que opta siempre, no por lo justo y necesario, sino por el vaivén de modas. Para mí, solo falta saber y aceptar que no existen diferencias. Tenemos todos idéntica piel.