Pero dicho esto no puedo dejar de opinar sobre esa especie de paranoia colectiva provocada por la muerte del futbolista Antonio Puerta , acontecimiento que ha relegado a un segundo o tercer lugar el fallecimiento del gran escritor Umbral y de la gran actriz Enma Penella . Y de aquí dos conclusiones evidentes. Primera: Por la cultura corre poco el morbo y por consiguiente la pasta. Segunda: ¡Vaya sí corre y mucho por trágicas noticias como ésta de la muerte de un deportista! Y, ¡claro!, los medios hacen su otoño, con una barbaridad de programas de todo tipo, que pegue o no pegue, promueven y se ceban en la perturbación emocional que estimula al respetable.
De acuerdo total con informar, cuando sucede algo que corresponde al dominio público o popular, que no es lo mismo, pero de ahí a hurgar tanto que se eleve a la categoría de serial ininterrumpido durante horas y días, creo que hay diferencia. Son muchas las muertes que suceden a diario en trabajos como la construcción, por citar algo, gente que deja esposa, hijos y padres destrozados y siempre, por citar algo más, demasiadas las muertes de mujeres asesinadas --¡y eso sí que es un drama!-- a manos de sus parejas y, ¡nada, que nos hemos acostumbrado a una mera mención en radio o televisión y a seguir como si no fuera con nosotros!
En el dolor --Nietzsche -- hay tanta sabiduría como placer; ambas son las dos grandes fuerzas conservadoras de la especie. Así debe ser cuando el gran filósofo lo dice, pero vivimos tiempos en los que la balanza anda desequilibrada de forma que la sapiencia se ha esfumado del dolor y más bien nos hemos quedado con el "placer" de verlo en vivo y en directo.