Un ejemplo claro de ello lo tenemos todos los días con la nueva asignatura, Educación para la Ciudadanía. El desconocimiento de la nueva ley que yo diría, es absoluto como lo es el "poder" que, tras las cuatro paredes de un aula puede tener un maestro. De ahí que las mejores leyes del mundo no impedirían la transmisión de cualquier valor profesado por un profesional. No tiene, pues, sentido, el pánico expresado por algunos padres ante la nueva ley, padres que se expresan en tertulias, en foros, etcétera, a la defensiva, con disparatadas opiniones. Alguien ha dicho: "Es fácil cambiar la ley, lo complicado es transformar la realidad". Y ahí, aparte leyes, tenemos que conjurarnos todos, porque si personalmente, no obramos con tolerancia, ¿cómo hacerla entender a nuestros hijos, alumnos? ¿Si no practicamos, por ejemplo, la religión católica, cómo exigir que se imparta en las escuelas? Mucha sensatez nos falta a todos, y nos sobran, sí, opiniones.