Hay que ver con lo arrinconados que andan los latinajos y lo bien que pueden quedar! Sí, porque Fac ut gaudeam suena como más culto, más rotundo que la simpleza de su traducción: "Alégrame el día". Y es que esa musiquilla se me ha metido en la cabeza como si se tratara de un ¡cha cha cha!, o mejor, de un mantra que repito casi en voz alta de forma rítmica y ¡toma que dale!, una y otra vez. Igualito que música y letra subliminal que se nos pega y no hay forma de arrancarla del seso. Y yo creo que, como las jaculatorias y esas cosas, surten efecto ya que una afirmación, un deseo, un ruego, así expresado son palabras y éstas, una forma de estructuración interna del objeto aludido. Luego, si yo repito soy feliz, alégrame el día, etc, tengo muchas posibilidades de que se produzca el milagro. ¿Y a quién se supone que dirijo yo mi cadena de mantras? No, a Dios no, que nada tiene que ver con lo que cocemos por aquí abajo. Primero, a los medios de comunicación, que desde que abro los ojos, o más bien desde que mis oídos se despabilan, las malas noticias caen como torrentes desbordados, empapando la ya muy húmeda almohada de mis sueños. Y no dudo de que todo sea cierto pero, ¿y aquella virtud teologal llamada esperanza? (¡Vaya porque estoy ortodoxa esta mañana!) Si mal no recuerdo Nietzsche dijo algo así como que la esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte. Pero, ¡claro!, si la radio, la televisión, los periódicos, etc. ¡ni tan siquiera el beneficio de la duda! ¿a dónde vamos? Nunca temas a las sombras --Ruth Renkel -- Solo constituyen el indicio de que en algún lugar cercano hay una luz resplandeciente. ¿Bonito, eh? Más que bonito, cierto. Por mis años han pasado ya días de negros nubarrones en todas direcciones, y siempre, siempre, las palabras creadoras se me han aparecido: hágase la luz. Y la luz se hizo.
* Maestra y escritora