Casi seguro, ¡vaya digo yo!, que ni una miradita a otra cosa que no sean "antenas" a tope para escuchar en el coche, en el trabajo, en el súper, o en la casa la ancestral musiquilla de los niños de san Ildefonso, porque ¿quién no lleva, desde el verano, más o menos, su décimo en el bolsillo, traído de sabe Dios dónde que la suerte a caprichosa no hay quién le gane? Recuerdo un antes en el que la lotería de Navidad era único sorteo del año, y las radios, únicos altavoces posibles, se escuchaban por las calles de mi pueblo con un regusto, mezcla de ilusión, perrunas caseras, alfajores de pan de higo y polvorones, Y los pavos, cebados para las fechas, ponían unas caras... En fin, ya está bien y, aunque algo de nostalgia queda, mejor aparcar recuerdos y no perder ojo a los bombos que quién sabe si dentro de un rato, ¡pues eso! que nos hemos convertido en euromillonarios. ¿Que no? ¿Que la suerte miró para otro lado? Bueno, pues ahora voy yo y te digo esas cosas que se dicen siempre: que lo más importante es la salud, la familia, etc. Y tú, ¡uf! ¡Si pones cara como la de aquel pavo de nuestros corrales de antaño! ¡Cambia, cambia el chip porque es cierto! Si tienes salud, trabajo, etc, sé consciente de ello y disfrútalo; es la mejor de las loterías. Piensa y verás que es verdad aquello de que no es más rico el que más tiene sino el que sabe valorar el "pedazo de pan" que se come cada día, y a mí me sabe a gloria bendita el que comparto con mis hijos, nietos, amigos, entre villancicos, panderetas, tapas de cacerolas, vivencias familiares, en definitiva, que sí, que son lo mejor que tengo. ¡Y a esperar otro año o a otra "lotería" porque mi nieto de cinco años, más feliz que unas pascuas, exclama: Como Zapatero nos dio dinero por el hermanito... ¿Qué tendrá el dichoso dinero que todos queremos más? ¡Mucho que le importará al pavo la lotería!