IN MEMORIAM

 

 

IN MEMORIAM

Adiós, Antonio

Rivas

No hace mucho escribí un poema que empezaba diciendo: No sé qué pasa hoy que la alegría me cansa. Y aquellas palabras, que tenían más de poema que de realidad, hoy han adquirido una gran autenticidad, cuando he recibido la noticia: Antonio Rivas ha muerto.

El y yo, desde hace años, compartíamos hora y cafetería, cada madrugada. El, hombre entrañablemente original, dejado caer en la barra, simultaneaba café y copa con divertidos monólogos que dirigía a los políticos de cualquier signo, tan pronto como aparecían en la televisión en el primer telediario del día. Yo, en la proximidad de una mesita junto a la ventana, lo observaba y sin palabras le agradecía sus ocurrencias, sus gestos, su presencia, que disipaban mis complicadas reflexiones, a veces, y me hacían sonreír.

El, de gran estatura, de bronca voz, a sus cincuenta y tantos años, desafiando rigores, trabajador de Asland, estaba siempre allí, a las seis de la mañana, llenando con su presencia vacíos, rompiendo los perezosos silencios de la hora, ilustrando de ingenuo humor rutinarias cotidianidades...

Es cierto: hoy la alegría me cansa, porque mañana, y siempre ya, Antonio Rivas no volverá a ser compañero de madrugadas en nuestro querido y familiar Tamicos de Carlos III, porque no volveremos a escuchar sus "peleas" con la tele, con la máquina del tabaco, con el frío, con el calor. Pero mañana sí, mañana y siempre, desde mi mesita, lo seguiré viendo; vendrá, seguro, al amanecer, con el alba. Los habituales de la hora, Luis, Paco, Carlos... y sobre todo nuestro querido Antonio, que también sonreía al escucharlo, conmovidos por tan repentina noticia, queremos rendirle nuestro pequeño homenaje con estas palabras y hacerle llegar a la familia nuestro más sentido pésame.