Que dice un amigo ya jubilado que él lo tiene todo ya hecho y que ahora le toca vivir. No quiero ni acordarme de aquella espiritual y filosófica charla que sostenía en un chat con alguien que sabía mantener el tono elevado y pedante, sin duda, de mis intervenciones. De pronto, se permitió la ligereza de preguntarme la edad. Esas cosas no se preguntan --contesté que la dignidad me rebosaba--. Y en la ventanita de mi ordenador apareció la palabra zorry. Desorbitada, escribí: ¡Tu madre! Y lo fulminé de un "clicazo". Después, cuando supe el significado de la palabreja, ¡vaya vergüenza y vaya ridículo! Entonces fui y me dije: ponte las pilas, chica; te toca vivir pero en este mundo, en este tiempo... Y decidí meterle mano al inglés, al alemán o al chino, porque el mundo crece y si no crecemos a la par como personas, como profesionales, como humanos... ¡pues eso, que perdemos el ritmo y de ahí a ser un trasto, nada de nada! Esa hora, la del vivir que dice mi amigo, es sinónimo de caminar, de aprender continuamente, de reciclarse, en una palabra, de hacerse nuevos cada día. Si ayer fui bonita caja de cartón, hoy me haré muñeca o caballito de cartón. ¡Qué vamos a hacer! Lo que importa es servir aunque tan solo sea para que, como mero juguete, nos destrocen las manos de un niño. Hay que renovarse las pilas porque lo más seguro será que las tengamos gastadas y una mera palabra con la que tropecemos, como zorry, nos avive los peores humos. Y otra cosa, según mi amigo y según la nueva edad de jubilación, dos años más que hay que esperar para empezar a vivir. Le he prohibido a mis pies que no se detengan y que caminen sin chistar, más deprisa o más despacio e incluso a rastras, pero quiero descubrir lo nuevo y cambiarlo por lo que ya esté caducado. Lo de dar la vuelta a los abrigos y volver a estrenarlos pasó a la historia.
* Maestra y escritora